TERREMOTO NEPAL: Un año después..

April 25, 2016

Hace un año uno de los peores terremotos de la historia de Nepal dejo un saldo de más de 8.500 muertos,  9,5 millones de personas con necesidad de asistencia humanitaria, 2,8 millones de desplazados internos y 1,4 millones con necesidad de alimento; provocando a su vez la destrucción de pueblos enteros sepultados por escombros y tierra a causa de los aludes en las regiones cercanas a los Himalayas, como así también la perdida de monumentos milenarios patrimonios de la humanidad.

 

 

Transcurría el Domingo 26 de Abril por la mañana, alrededor de las 2.00 am, me encontraba en un bar en el sur de la India con una amiga de Estados Unidos; en ese momento me llega un mensaje al celular desde Buenos Aires, un amigo me estaba preguntando si se habían sentido los terremotos por la India, de esa manera  me llego la triste noticia de los primeros 1.400 muertos y miles de heridos.

 

La decisión de viajar no fue fácil de tomar, estaba colaborando con una ONG, debería también cambiar todos mis planes, sumado al riesgo que presupone visitar un lugar afectado por un desastre natural. Ciertas dudas que tenía fueron vencidas por mis motivaciones, un par de días después tome la decisión de volar a Katmandú; sentí que era una oportunidad para poder colaborar, informar los sucesos.

 

Escala previa al vuelo, en la ciudad de Bangalore,  decidí quedarme una noche para organizarme mejor y recabar más información; la suerte no estaba de mi lado, el despertar del siguiente día fue lamentable, al mirarme al espejo empecé a notar cientos de picaduras en todo mi cuerpo, los famosos bed bugs habían tenido un festín durante la noche y el plato principal había sido yo, sumado a una fuerte indisposición de alguna comida en mal estado; descompuesto, con fiebre, debilitado y con urticaria en la piel, llego finalmente a Katmandú. En el trayecto hacia el hotel, sentado en la parte posterior de una moto con las mochilas cuesta arriba, empiezo a caer en cuenta que finalmente me encontraba en la zona de desastre.

 

 

A medida que transcurrieron los días me fui interiorizando e informándome de los barrios afectados, de las infraestructuras colapsadas, de historias de familias que perdieron sus hogares, las cuales continuaban en los campamentos precariamente instalados en plazas públicas , del problema de la falta de agua potable, de las tareas de búsqueda e identificación de cuerpos, de la participación de ayuda voluntaria, tanto local como de distintas organizaciones de diversos países; la prioridad era el alimento, sanidad, uno de los primeros desafíos, cubrir las necesidades básicas de los millones de desplazados y refugiados.

 

 

El 12 de Mayo me encontraba editando algunas fotografías en el décimo piso del hotel, cuando alrededor de las 11.30 am (hora local), un sismo de magnitud 7.3 golpea nuevamente, en el primer momento no tuve reacción, los primeros tres segundos no entendía que estaba pasando, en un segundo de pánico caigo en la cuenta que la tierra se estaba moviendo, de forma estrepitosa, como jamás había experimentado, una sensación de no saber qué hacer se apodero de mí, ¿me escondía debajo de la cama? ¿Por debajo del marco de una puerta? ¿una mesa? que importaba, si el edificio colapsaba era cuestión de suerte, nada se puede hacer en ese momento; me dispuse a huir, era difícil caminar, manotee como pude mi cámara y cuando me disponía a salir por la puerta, el sismo había cesado, los 15 segundos más largos de mi vida. Aceleradamente bajo las escaleras, observo cientos de personas en la calle, cada segundo aparecían más, la calle se estaba poblando, observe a la gente presa del pánico, el cual se contagiaba increíblemente rápido, caras de desesperación , angustia y llanto, reflejaban las penas vividas días atrás, que aún se encontraban flor de piel.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Durante los próximos tres días, íbamos a dormir fuera, cualquier lugar cercano a la calle seria el refugio temporal en caso de alguna replica, por previsión dos botellas de agua fueron mis compañeras en el desaseado pasillo del hotel, ancianos, jóvenes y adultos, todos compartíamos una suerte semejante, nadie debía permanecer en el interior de su vivienda, los lugares más concurridos eran los parques o áreas abiertas donde las familias armaban sus tiendas de campaña.

 

SANJEEP Y EL CAMPAMENTO DE REFUGIADOS

 

Caminando por las calles de Katmandú en las cercanías del fantástico templo de Swayambhu, llego por casualidad a uno de los tantos campamento de familias desplazadas, muchas de ellas habían perdido sus hogares, en otros casos sus casas quedaron seriamente comprometidas por lo que no tienen otra opción de permanecer en el precario campamento; los suministros de agua eran abastecidos una vez por día por un camión cisterna, donde eran recogidos por integrantes de las familias en baldes o recipientes.

 

 

A pesar de triste realidad de estas personas, no dejo de sorprenderme la gran amabilidad, hospitalidad y respeto, saludaban con una sonrisa autentica, te recibían con lo poco que tenían, como lo era un vaso de agua o una silla de las dos que tenían. Me llama la atención como la inocencia de los niños, a través de sus juegos y travesuras, mantenía en el campamento una cierta aura de alegría.

 

 

Muchas familias abandonaron los campamentos en los últimos días, no fue el caso de Sanjeep Khadka de 21 años de edad, quien vivía con su padre, madre y dos hermanas mayores con sus tres niños, en una tienda de campaña de la cruz roja. Conversando con Sanjeep, me invita a que pase a ver su casa ubicada en Slooyambhu Bhuinhel, cerca del campamento, a lo lejos ya se podían ver las grietas sobre las paredes blancas; cuando ingresamos son evidentes los daños en las estructuras, la casa se encuentra vacía, desolada, como si estuviera deshabitada hace años; Sanjeep me cuenta que por suerte pudieron recuperar sus bienes materiales; esta es una, de miles de historias que se repetían, que sufrieron día a día muchos ciudadanos Nepaleses. La lenta acción del gobierno no daba abasto a las necesidades que surgían a diario; un largo proceso de reconstrucción y reorganización esperaba en uno de los países más pobres del mundo.

 

 

LAS CREMACIONES

 

 Tras la llegada al antiguo templo Pashupatinath -el equivalente en Nepal a lo que sería la sagrada Varanasi en la India- escenario de las cremaciones de los devotos del hinduismo, los sollozos de los deudos se entremezclaban con los cánticos rituales,  se percibía una energía distinta, diferente,  una sensación a armonía, tranquilidad. Se podía observar en las personas la curiosidad por la muerte, pero también la aceptación de la misma como una etapa de la vida.

  Intento mantener una conversación con el hombre encargado de realizar cremaciones, un hombre canoso de edad avanzada, esbelto, vigoroso para su edad, con expresión serena en la cara, me comenta que una cremación de un cuerpo dura aproximadamente tres horas, y realiza unas cinco cremaciones diarias, se lo nota relajado,  para él es un trabajo de todos los días.

 

Días después del terremoto del 25 de Abril el templo quedo colapsado en capacidad para más cadáveres, pues desde el sismo recibieron cerca de 500 muertos cada día.  El ritual consiste en colocar el cuerpo en una pira funeraria, previamente floreado y bendecido con agua del rio e inciensos, se realizan cánticos y ceremonias en honor al difunto; el servicio funerario no es gratuito, se debe abonar el trabajo crematorio, las maderas, grasas y paja, por lo que no todos pueden acceder a la misma calidad de ceremonia.  Este ritual se realiza en el río Bagmati, que cruza la ciudad. El templo de Pashupatinath-, considerado Patrimonio de la Humanidad desde 1979.

 

Mariano Fuentes.

 

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